Las avenidas ya no necesitan faros,
tampoco veredas o semáforos
ni rejas que impidan continuar el juego
de los púrpuras núcleos de la tarde.
La materia se desmaterializa:
surfea perfecta el espacio que se mueve sobre otro espacio
-lagartija por un parque titilante en el rostro de la computadora-
planea la luz del sol recién venado,
camino al ningún lugar,
escribiendo y borrando,
guardando el producto en sus arcas de colirio,
empapelado siempre en las mismas jotas,
limitada al fondo de su copa,
porque sabe que no puede tocar el cabello del Inti.
Los pasos se siguen así mismos
como latas vacías por el paradero de los diarios tristes,
jugando a ser la espera sentada en una banca
porque han perdido sus alas
y sus medias,
y sus pies,
y sus uñas heridas por octubre,
y te encuentras nuevamente rodead@ por cientos de otros estados,
eres un personaje de canción melosa
rodando por el metro más triste del mundo y una bicicleta sin frenos,
sin ningún rumbo preciso,
en medio de un concierto de sobres registrados
y malas noticias.
Cierras los ojos y cambias de rola,
pretendes también ser un virus y un producto;
eres viernes y tu vida
recién empieza.
Saturday, October 14, 2006
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