La música no tiene una hora exacta.
Cae después de cruzar billones años luz por los caminos perdidos del tiempo
y se dirige hacía mí con sus caricias fingidas por autopistas de ópalo que nadie ha limpiado. Da saltos azufres por los estantes vacíos de la cocina en vibraciones de luz ondulante. La oscilación sonora del principio me compara con el semen. Yo le respondo: "soy la nieve mordida por el antílope."
Tuesday, December 19, 2006
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