Thursday, September 07, 2006

Rodado aún,
impregnado de savia nocturna
varado, adolorido,
como un pez urbano
en un silencio de autos,
camiones, vestigios púrpuras
y corcholatas
en el autobús
al ningún lugar.

Tal que violetas con capa
al borde de un vortex prematuro,
cosquilleante y desmembrado,
corroido de espuma
en los semáforos de la incertidumbre,
esta infinita entropía curvilínea
del estertor matutino.

Continuo reino de arpegios en espera,
conventual movimiento de una
manguera ronca o angel anunciador
salido de una luz
de hierba galopante
en la escena monótona y sin brillo,
súbita, repentinamente,
cambiante,
igual que un perfume de bar
y un silencio
de ostra atleta
los habanos de las nueve de la nada.

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